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Las mafias del poder y el compadrazgo…

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¿Qué hace falta para triunfar en el rock y otras disciplinas artísticas en México? Talento obviamente y a veces no tanto, pero sí estar bien conectado con los movedores correctos…

La mayor parte de los mexicanos, nos quejamos y sabemos con fundamentos sólidos, que nuestro país a pesar de su tamaño, cuenta con pequeños grupos de poder en muchos ámbitos; no sólo en lo político, sino hasta en las bellas artes y las no tan bellas…

Sólo hace falta darse una vuelta por MACO, leer las currículas de muchos “artistas” que ahí exponen su obra, para darse cuenta de que un gran porcentaje obtuvo algún apoyo estatal, alguna beca para creadores del FONCA, etcétera y los resultados son en el mejor de los casos LAMENTABLES… Pueden enviarte 3 años a Berlín, a París o a Manchester a estudiar, pero si no traes talento desde niño para aunque sea dibujar un caballito y un hombre de palitroques, pues jamás tendrás la calidad para realmente convertirte en un artista con talento, que no famoso, porque esa es otro historia… para eso, basta codearse con las personas correctas, tener un buen PR manager, un buen galero y listo! A vivir del arte… o mal-vivir, depende.

La música y específicamente el rock que es lo que nos atañe en este blog, está llena de gente con mucho talento, pero con poca visión y aún peor, con pocos amigos influyentes.

No quiero decir que quienes alcanzan la fama, carezcan totalmente de talento (aunque hayan muchos ejemplos de lo contrario…), pero demasiadas veces podemos escuchar o conocer a grandes músicos totalmente desconocidos, que uno piensa “estos chavos podrían pegar durísimo, que pena…” y luego uno prende la radio o los canales dedicados a promover música en español y pues bueno, dan ganas de apagarse un cigarro en los oídos y picarse los ojos con un desarmador…

¿Qué falla, qué falta o inclusive, qué sobra?

MITO 1. “México es un país muy musical…”

Cierto, pero musical no es sinónimo de exigente o educado del oído; como bien sabemos, lo que rifa en nuestro país, es el pop simplón, el reggaetón, la cumbia, ranchera y todos esos géneros más, que de sólo escribirlos, me da comezón el cuerpo; ¿en dónde queda el rock en nuestro ranking de preferencias? No tengo idea, pero seguramente no anda muy bien clasificado que digamos, de entrada porque la producción local es muy escasa, casi nula; fuera de algunos ejemplos dignos y otros no tanto, el rock nacional en el mejor de los casos es como el cine nacional: muy poco, muy mediocre y muy lleno de lugares comunes… y de patrocinios ocultos (¿sabían que las empresas grandes pueden deducir impuestos financiando pelis mexicanas…? Quiobo… como dijera el Santos…

MITO 2. “Los músicos mexicanos son de los mejores del mundo…”

Cierto como la certidumbre, pero, pero, pero… un gran ejecutante, no necesariamente es un buen compositor y esto lo sabemos perfecto quienes hemos hecho algo de música como hobby o de manera profesional.   Contamos con músicos virtuosos de talla mundial, esos que dominan su instrumento y que ya sea leyendo partitura o de oído simplemente, son capaces de “sacar” cuanta canción les pongan enfrente… eso es indiscutible, pero a la hora de componer, ahí es en donde como dijo Shakespeare “The sow twisted its tail…” o sea, que la puerca torció el rabo; suele pasar con mucha frecuencia que los virtuosos a la hora de componer, terminan sonando mucho a quienes admiran, a grado tal que no es extraño percibirlo hasta para el oído menos entrenado; tomemos por ejemplo a ese ente de apellido Lora, quien con 3 acordes de blues, ha logrado amasar fama y fortuna.

MITO 3. “Con dedicación y talento, uno llega a la cima…”

Lamentablemente no es ley y a veces por desgracia, sólo se llega a la cima del Cerro de la Estrella, por más talento que un músico o banda puedan tener; el star-system es muy injusto y al igual que en otras disciplinas o negocios, muchas veces los que llegan arriba fue más por saberse vender bien, por saber insistir en las puertas correctas, o por saber tomar dictado en las piernas del jefe/jefa; la carrera musical no sólo exige dedicación para dominar al instrumento, la voz o el papel pautado, sino que también hay que dominar el arte de las relaciones humanas, de ser ligerito y simpático y de incluso “venderse” cuando sea necesario.   Existen infinidad de anécdotas de como músicos que hoy son respetadísimos, tuvieron que entrarle al hueso para sobrevivir y conseguir dinero en lo que amaban; ahí tienen por ejemplo a esa banda pilar del rock nacional, cuyo nombre acaba con fanes y comienza con Cai, quienes en la etapa más oscura del rock nacional, fueron músicos de estudio y de hueso de cierto Ángel del Rock, que ni era ángel, ni tocaba rock, pero salió re-bueno para evadir impuestos y acabó cantando el Rock de la Cárcel, patrocinado por el SAT).   Hoy no es tan cerrado el mundo de la música como en aquellos años nefastos, pero lo que sí es indispensable es contar con la bendición de la gente indicada (Lara, Fainchtein, etc.)

 

Lo que podemos concluir de estos tres puntos tan subjetivos, es que: por un lado, considero que nos falta profesionalizar la carrera musical; basta ver ejemplos del mundo desarrollado, para saber que en muchos de esos países con gran pedigree rockero, los niños llevan instrumento y composición desde la primaria, mientras que aquí en muchos casos, hasta por ahí de los 15-16 añitos, el ñoño promedio se da cuenta que dejándose la greña y aprendiendo 4-5 rolas de “rock pesado” o “de protesta” con el Guitarra Fácil, jamás le faltarán ni “nalguitas”, ni desmadre… lo cual nos lleva a recordar un post previo, en el cual cuestionábamos qué porcentaje de los que se meten al rock, lo hacen más por el estilo de vida, que porque realmente tengan algo que aportarle al género.

También necesitamos mover ese elefante blanco que son los lugares comunes; no nos abrimos a escuchar música nueva, más que por pose en muchas ocasiones y no tanto por enriquecer nuestro gusto y sensibilidad.   Y no es que tenga algo de malo seguir oyendo esos discos que nos heredó nuestro tío mariguano, pero hay que acercarnos a otros géneros y nichos; los mexicanos no somos muy del cross-over, en general, quien es metalero no oye nada más, quienes oyen clásico toman el té con el dedito parado y viven con sus padres hasta los 45… estamos muy anquilosados culturalmente y eso nos está ahogando en un vaso de agua existencial.

Aunque siempre queda el plan B: Hacer pop… eso sí vende y deja para comer, aunque sea abominable…

 

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